Hoy es el principio del resto de mi vida. Topicazo ¿verdad? Dejad que me explique…
Nací en un pequeño pueblo valenciano y desde el primer momento tuve conciencia del amor verdadero, ese amor que sólo se conoce en libros o películas y rara vez se encuentra en el mundo real. De donde provengo no es extraño encontrarse con casos como el mío, todos mis familiares y vecinos, desde que nacieron, sabían quien era con quién tenían que pasar el resto de su vida, como si sus almas hubieran pactado antes de nacer que desde el primer momento en su nueva vida tenían que permanecer juntas. Mientras crecimos nos conocimos, y a medida que iba madurando me daba cuenta de que no podía estar separado de su lado si quería sobrevivir. El viento nos mecía y el sol nos alimentaba. Su calor era mi refugio y su piel mi manto bajo nuestro techo estrellado. Era perfecto. ¿Qué podía fallar? Nuestras almas habían hecho un trato sin nosotros saberlo… Bendita condena.
En mi pueblo, cuanto más amor existe entre una pareja más hermosa es, querer con todo a quien tienes cerca te hace más fuerte, más guapo, más inteligente… Y yo me creía un Einstein inmortal.
Una mañana, con el primer rayo de sol, fuimos secuestrados. Al despertar, el desconcierto era máximo, no sabíamos qué estaba sucediendo. Me debieron de dar un fuerte golpe en la cabeza porque el dolor era como si me hubieran arrancado la cabellera. Cuando empiezo a reaccionar el instinto me hace buscar a mi amor, y allí estaba, inconsciente. El dolor de cabeza desapareció en el acto. El miedo y la ansiedad se apoderaron de mi. Comencé a buscar a mi alrededor cualquier tipo de ayuda, pero nadie hacía caso. Fue entonces cuando me di cuenta de que nuestro secuestro no había sido aislado. Mi desconcierto era total. Estábamos apiñados en jaulas de madera sin posibilidad de escapatoria por unos seres que jamás había visto. Por fin sale de la inconsciencia y el alivio y la calma me invaden. Sus ojos se clavan en los míos mientras me pregunta que había pasado. Intento explicarle como puedo lo ocurrido y obviamente no entendió nada. Al cabo de un rato, uno de esos seres agarra nuestra jaula y nos introduce en un receptáculo con otros cientos de jaulas. El paisaje era desolador. Al cerrar la puerta del receptáculo la oscuridad lo invadió todo. El único sonido eran los gritos y llantos de miles de nosotros. Abracé todo lo fuerte que pude a la única razón de mi existencia para poder tranquilizarnos el uno al otro. Al rodearme con sus brazos encontré la paz. Durante unos segundos me sentí a salvo, ya no me importaba nada mientras estuviera en su regazo. El receptáculo se puso en marcha y comenzó a moverse. Cuando llegamos a nuestro destino lo abrieron y comenzaron a sacar jaulas. Las colocaron en unos expositores para que el resto de seres nos contemplaran. Pasaban por delante de nosotros, mirándonos con indiferencia pero nuestra belleza no pasó inadvertida. Uno de esos seres nos agarró entre sus garras y nos estuvo observando. Yo no aparté la mirada, desafiante, esperando cualquier provocación mientras agarraba con fuerza al amor que me vio crecer. “No conseguirás separarnos” pensaba. Nos volvió a depositar en la jaula e hizo un intercambio con nuestro celador. Nos vendió como simple mercancía. No podía creer que nos hubiéramos convertido en esclavos. Nuestro nuevo dueño se llevó varias jaulas y nos metió en otro receptáculo. Nos llevaron a un ambiente completamente distinto, totalmente desconocido para nosotros. Máquinas con luces de colores, porquería por el suelo acompañada de un olor insoportable, ruido estridente de máquinas de vapor y un montón de seres extraños engullendo cualquier cosa que les pusieran sobre la mesa. Dejaron nuestra jaula en un rincón y durante un tiempo hicieron caso omiso a nuestra presencia. Intentaba buscar alguna manera de huir pero me sentía inmóvil, no quería separarme de sus brazos, pero teníamos que escapar. Todos nuestros intentos fueron inútiles. Las paredes de la jaula eran insalvables. Al cabo de un tiempo, agarraron nuestra jaula y la volcaron sobre otra, esta vez de metal, fría y con una peculiaridad: en el centro había un agujero que llevaba a un conducto y desde mi posición no alcanzaba a ver el fondo. Estábamos aterrados. Yo sólo quería que no nos separaran. Íbamos viendo como pareja a pareja caía por el agujero. Cada vez estábamos más cerca hasta que nos llegó la hora. La fuerza de gravedad hizo su trabajo a la perfección haciéndonos caer estrepitosamente hacía lo que sería el prólogo a nuestra muerte. Una afilada y giratoria cuchilla nos esperaba al final del viaje. Al chocar con ella el dolor fue ensordecedor. La sangre y las lágrimas comenzaban a correr, sangre por la cuchilla, lágrimas por ver cómo nos separaban el uno del otro, como me arrancaban de lo que siempre había amado, de lo único, de mi todo. Apenas duró segundos, pero me habían arrebatado toda una vida. Comenzaron a estrujarme para sacar todo lo que había en mi interior, pero ya no sentía dolor, no sentía nada, me encontraba vacío, me arrancaron la vida al separarme de su lado. Caí inerte sobre un montón de cuerpos sin vida, todos ellos despojados de su media naranja. Claro, ahora lo entiendo. Presto atención a las voces de esos seres extraños: “Buenos días, ¿me pones un zumo de naranja?”. Toda mi vida he sido ajeno a lo que había a mi alrededor, solamente tenía ojos para mi media naranja, ¿y yo? Otra media naranja… Y hoy, es el principio del resto de mi vida. En una jaula de plástico, pero sin mi otra mitad, esa que me ha acompañado durante toda mi vida. Rodeado de medias naranjas, pero ninguna es la mía, me la habían quitado para siempre. Sólo espero descomponerme pronto.
Enamoraos canallas