Esto sucede principalmente en la infancia y la adolescencia, cuando el sistema de valores se forma o se revisa. A medida que nos acercamos a la edad adulta, ya sabemos exactamente qué es bueno y qué es malo. Y si en el período adulto seguimos eligiendo a los malos y a las malas, entonces vale la pena pararse a analizar por qué seguimos haciendo esto.

Puede haber varias opciones que expliquen porque sigue pasando:

 1. Todavía no hemos formado un sistema de valores y no podemos distinguir hasta que punto es bueno o malo.

 2. Entendemos perfectamente que esto es malo, pero creemos firmemente que estamos en nuestro poder para cambiarlo, corregirlo, rehacerlo.

 3. Vemos que está mal, pero no lo creemos. Creemos que nuestro amor, cuidado, calidez, comprensión, amabilidad, buena actitud derretirá el corazón del «monstruo», y se convertirá en un apuesto príncipe o princesa. Porque en realidad es una persona buena, pero con problemas.

 4. Sabemos y entendemos que esto es malo, pero no sabemos porque nos gusta. Esto nos permite actuar mal al lado de una persona así, vivir en este mal, sin tener ninguna responsabilidad por ello. Nos pensamos que somos limpias y bonitas, y que él (ella) es malo.

¿Por qué necesitas cosas malas?

Si la causa por la que buscas hombres malos en tu vida es porque aún no se ha formado tu sistema de valores, entonces lo que estás haciendo es buscando  a alguien que te ayude a formarlo. El problema es que solemos hacerlo al lado de las personas equivocadas. Te recomendamos que busques la ayuda de un mentor, que puede ser una persona importante para ti, para que te ayude a determinar los principios y prioridades de tu vida antes de meterte en relaciones destructivas.

Si decides que eres un gurú, maestro, mentor, entonces la segunda razón es la tuya. Y si tienes nervios de hierro, buena salud, un alto nivel intelectual, entonces bien puedes intentar cambiar el mundo de esa persona. Sin embargo, estoy seguro de que pronto renunciarás a esta empresa cuando veas la dificultad de conseguir resultados reales.

Si crees que has venido a este mundo para «salvar almas perdidas», entonces la tercera opción puede ser la tuya. Eso si, deberás ser paciente, humilde y sumisa así como tener un optimismo inagotable, reservas inagotables de altruismo y una fe tremenda. Si estos recursos no existen, ni siquiera deberías intentarlo. Es muy probable que simplemente no vivas para ver la transformación esperada y la frustración y desesperanza te hundan.

Pero si tu opción es la cuarta, lo normal es que a la larga acabes perdiendo es la autoestima y te acabes enfrentando a una difícil elección:

  • Hacer lo que realmente quieras, sin responsabilizarte por ello,
  • o comprender lo que realmente quieres, aceptarlo y asumir la responsabilidad de las consecuencias de tu comportamiento.

La conclusión es que la elección es siempre nuestra. No es la mala suerte, el mal ojo que tenemos a la hora de elegir o que siempre te toquen os mismos. Depende de nosotros decidir si somos buenos o malos y si queremos a alguien bueno o a alguien malo en nuestra vida. Si siempre acabas con este perfil de chicos y estás cansada, antes de seguir párate a analizarte a ti misma y a analizar lo que quieres realmente antes de seguir con historias que solo te traigan caos y destrucción.